Rapunzel: La princesa perdida del cabello largo

Cuenta la historia, que hace mucho, pero mucho tiempo, vivió una jovencita muy hermosa en lo alto de una torre, su nombre era Rapunzel.

Ella vivía muy triste, ya que nunca en su vida había dejado esa torre; hacía todo lo posible para entretenerse, leía libros, tocaba música, pintaba, cocinaba y un sinfín de cosas más para no aburrirse, pero al final siempre hacía lo mismo.

Su madre la visitaba todas las tardes; ella era la única persona con la que hablaba. Una de esas tarde llegó y gritando con fuerza dijo:

-Rapunzel, Rapunzel deja caer tu larga cabellera para que pueda subir.

Al escuchar a su madre siempre se alegraba ya que al fin podría hablar con alguien; así que dejaba caer su larga cabellera por la ventana de la torre, para que ella pudiera subir.

Cuando la madre trepó y entró a la torre, se abrazaron, y como todas las tardes, empezaron hablar mientras su madre peinaba su largo cabello.

Rapunzel y su madre

Rapunzel quería pedirle un favor, así que aprovecho el momento para contarle que se acercaba su cumpleaños, y que deseaba un regalo especial.

-Mama, mama, hay algo que quiero pedirte.

-¿A ver rapunzel, qué quieres ahora?, Pregunto la madre.

-Mamá, quiero y deseo como regalo de cumpleaños… que me lleves a ver la luces que encienden todas las noches cuando cumplo años.

-Jajaja, estás loca Rapunzel, sabes que es muy peligroso dejar la torre, el bosque está lleno de ladrones y rufianes. Te traeré algún libro o cualquier cosa bonita, como siempre.

-Mama!!, pero ya estoy cansada de lo mismo, deseo ver algo nuevo, hacer cosas diferentes…

-Fin de la discusión Rapunzel, ya te he dicho que por tu protección, nunca dejarás esta torre.

La madre se fue, dejando sola y triste a Rapunzel, mientras eso pasaba, un ladrón corría delante de la guardia real, que lo estaba siguiendo.

El ladrón, corría y corría a lo profundo del bosque, hasta que vio a lo lejos la torre y pensó que sería el lugar perfecto para esconderse.

Así que, trepando con todas sus fuerzas, logró subir a lo alto de la torre; entró por la ventana y PUM!, todo se puso negro de repente.

Al despertar estaba atado a una silla, Rapunzel sostenía un sartén y con fuerza le dijo.

Rapunzel y Eugene

-¿Quién eres?.

-¿Que quién soy?, ¿Mejor dime quién eres tú?, ¿Que hago atado a esta silla, y para qué es ese sartén? dijo el ladrón.

-Mi nombre es Rapunzel; te até a la silla porque entraste a mi torre sin permiso, y la sartén es para PUM!!.

Rapunzel le volvió a dar otro golpe en la cabeza y el pobre ladrón, volvió a quedar desmayado, al despertar adolorido dijo…

-Aahh… oye niña… no puedes tratar a tus invitados así, creo que me dejaste alguna contusión o algo parecido.

-¿Quién eres?, pregunto Rapunzel de nuevo.

-Mi nombre es Eugene; soy… un comerciante… estaba pasando por aquí y me pareció buena idea pasar a saludar.

-¿Un comerciante?, preguntó Rapunzel.

-Si… en mi mochila… dónde está mi mochila!!, dijo Eugene sorprendido al no ver sus cosas.

-La escondí; como no sabia si eras peligroso te até y oculté tus cosas.

-Wow, si que eres desconfiada… ¿y por qué tienes el cabello tan largo?.

Y así fue como Rapunzel y Eugene empezaron a hablar, estuvieron hablando durante horas La pobre Rapunzel estaba feliz ya que por primera vez hablaba con alguien que no fuera su madre.

Le contó que su cabello era tan largo, ya que lo usaba para ayudar a su madre a subir a la torre; también le dijo que no lo podía cortar ya que por algún misterio, su cabello perdía su color dorado y se volvía marrón.

Cuando cayó la noche y terminaron de hablar, el ladrón que se hizo pasar por comerciante, le dijo:

-Bueno Rapunzel ya es tarde, creo que lo mejor será que me devuelvas mi mochila para que pueda irme.

Rapunzel aprovechó la oportunidad y le propuso un trato; le dijo que ella le devolvería su mochila con la condición de que la llevara a ver las luces que salían todas las noches de su cumpleaños.

-La luces del festival del reino?, preguntó Eugene.

-Son luces de un reino?, pregunto Rapunzel con asombro al saber que las luces venían de un reino lejano.

-Nunca has ido al reino?.

-Nunca he salido de esta torre.

-Wow… que triste… esta bien, te llevaré a ver la luces, si mal no recuerdo, el festival será dentro de tres días.

-Exacto, en tres días es cuando cumpliré mis 18 años.

De esta forma Eugene se fue de la torre; Rapunzel no le dijo nada a su madre y así pasaron los días hasta que llegó el día del cumpleaños de la joven chica.

Como Eugene prometió, al tercer día volvió por ella, y gritó frente a la torre.

-Rapunzel!!, aquí estoy, deja caer tu cabello para que pueda subir.

El principe de Rapunzel

Así fue como se reunieron de nuevo y empezaron su viaje.

La felicidad de Rapunzel no se podía describir, todo lo que veía, escuchaba, olía y sentía era algo totalmente nuevo y emocionante.

Mientras iban rumbo al reino, Eugene y ella hablaban de todo. Él le pregunto:

-¿Cómo es posible que nunca hayas salido de esa torre?, preguntó Eugene.

-Es que mi madre me protege mucho, y le tiene miedo a los peligros que están fuera de la torre.

-Pero no sería más peligroso que tu vida pasara sin llegarla a vivir.

Esas palabras impactaron mucho a Rapunzel, en eso Eugene gritó:

-Al fin llegamos; ese es el reino de aquí, es donde salen las luces. Como falta mucho para la noche, lo mejor será que aprovechemos el festival.

Y así fue como Eugene y Rapunzel llegaron al festival, donde comieron, bailaron y se rieron toda la tarde.

Por otro lado, su madre fue a la torre como era de costumbre y gritó!!.

-Rapunzel!! Rapunzel!!, deja caer tu larga cabellera para que pueda subir.

Como no respondió volvió a gritar!.

-Rapunzel!! Rapunzel!!, deja caer tu larga cabellera para que pueda subir.

En ese momento supo que algo pasaba, así que usó un pasaje secreto de la torre para poder subir y entrar.

La desesperación y el miedo entraron en su cuerpo ya que no veía a Rapunzel por ninguna parte.

En una mesita vio una carta donde decía:

-Mamá, fui a ver la luces con un amigo, por favor, no te preocupes!!.

Rompiendo la nota en miles de pedazos dijo con furia…

-Debo encontrarla antes de que alguien descubra mi secreto.

Así que salió rápidamente siguiéndoles el rastro, por el camino fue investigando quién podría ser ese supuesto amigo.

Cuando cayó la noche, Eugene le dijo que estaba apunto de empezar eso que ella tanto deseaba ver, así que llevó a Rapunzel al lago del reino.

Subieron a un bote y se adentraron al lago hasta que empezó el espectáculo, una a una aparecieron las luces que Rapunzel tanto deseaba, de un momento a otro apareció un paisaje hermoso, y por donde ella miraba, había una luz resplandeciente.

las luces de Rapunzel

Nunca en su vida había estado tan feliz, y sin duda ese era el mejor cumpleaños de todos. Cumpliendo con su palabra le devolvió su mochila a Eugene.

Eugene se lo agradeció, y hablaron hasta que vieron en la orilla del lago a la madre de Rapunzel.

-¿Esa quién es?, preguntó Eugene.

-Es mi madre… será mejor que vayamos… dijo Rapunzel con una cara de tristeza y miedo.

-Mamá, espero que no estés molesta. Le dijo con miedo Rapunzel a su madre.

-No Rapunzel… no estoy molesta… estoy furiosa… me desobedeciste y además te juntaste con este sucio ladrón.

-¿Ladrón?. Señora, está usted equivocada, yo soy un comer… dijo Eugene mientras lo interrumpieron.

-Cállate, ladrón… ¿porqué no le dices a Rapunzel lo que llevas en la mochila?.

Rapunzel miró a Eugene, y el le mostró una corona dorada digna de una princesa.

-Lo puedo explicar, dijo Eugene.

-Cállate ladrón!!, le dijo la madre con rabia.

Haciendo una señal con las manos, unos guardias salieron de unos arbustos y atraparon a Eugene.

Los guardias le explicaron a Rapunzel que Eugene no era un comerciante, en realidad era un ladrón que había robado la corona de la princesa real y que debería ser ajusticiado.

Llorando, Rapunzel se fue con su madre de vuelta a la torre, toda esa noche lloró porque en ese viaje se había enamorado de Eugene.

Mientras tanto, Eugene fue directo al calabozo esperando a ser ahorcado. En su celda podía escuchar a otros ladrones y también a los guardias hablar.

Se estaban lamentando porque el evento de ayer sería el último que se celebraría en el reino.

-¿Pero por qué estás tan seguro que el evento de ayer será el último?, preguntó uno de los ladrones.

-El rey y la reina sufren mucho cada vez que lo hacen, ese evento es para celebrar el cumpleaños de la princesa que fue secuestrada hace 18 años.

Eugene, al escuchar que la princesa cumplía 18 años pensó en Rapunzel, y siguió escuchando a las personas en el calabozo.

-Es raro que la secuestraran y nunca pidieran rescate, dijo otro ladrón desde su celda.

-Mi esposa me contó que cuando la princesa era una bebé, era famosa en todos lados, ya que su misterioso cabello podía curar a las personas.

-Una vez intentaron cortarlo para poder enviar cabellos a otros reinos y curar a los enfermos, pero al hacerlo, se oscureció y perdió el poder mágico de curar.

Al escuchar eso Eugene se dio cuenta de que Rapunzel en realidad era la princesa perdida.

Él tenía que rescatarla, así que habló con los demás ladrones y les propuso que si lo ayudaban a salir de esa cárcel, él volvería y los liberaría.

Uno de los ladrones más grande le dijo:

-¿Y qué nos garantiza que en realidad volverás y nos salvarás?.

-Bueno como yo lo veo, tienen dos opciones… esperar la horca o ayudarme a salir y esperar a que los libere.

Los ladrones no tenían nada que perder así que aceptaron a ayudarlo.

-¿Cómo podré salir de aquí?, preguntó Eugene.

-Deja eso para nosotros… dijeron los bandidos.

Todos los ladrones y rufianes que estaban en la celda, empezaron una pelea para crear alboroto; los guardias al escuchar los golpes y gritos, sacaron al pobre Eugene desmayado de la celda, y empezaron a gritar a los rufianes para que se calmaran.

Los bandidos del cuento de Rapunzel

Cuando se dieron cuenta, Eugene no estaba… había logrado escapar, así que robó un caballo y salió rápidamente a buscar a Rapunzel, subió la torre y entró.

-¿Eugene?, dijo Rapunzel sorprendida.

-Rapunzel, tenemos que escapar, tu madre, en realidad es… dijo interrumpido Eugene.

-¿Qué haces aquí ladrón?… pensé que ya estarías colgando en la horca… gritó la madre.

-Es verdad… no soy un comerciante, soy un ladrón… pero yo sólo robo cosas, tú robas vidas.

-Que quiere decir mamá?, preguntó Rapunzel.

-Ella no es tu mamá, ella te secuestró cuando eras apenas una bebé, todo porque necesitaba tu cabello mágico y seguir siendo joven, en realidad eres…

La malvada madre atacó con un cuchillo por la espalda a Eugene mientras le explicaba todo a Rapunzel.

Rapunzel, sabiendo que algo estaba mal, defendió a Eugene y empujo a su madre con todas sus fuerzas, ella tropezó con una silla y cayó de la ventana de la torre.

De esta forma murió la malvada madre, herida por la caída. Rapunzel miró a Eugene tirado; sabía que estaba herido de muerte, así que lo abrazó llorando mientras él se despedía.

Cuando pareció que había muerto, lo apretó con fuerza y su cabello mágicamente empezó a brillar, curando a Eugene de esa mortal herida.

Volviendo de la muerte, Eugene la abrazó y le contó todo, volvieron al reino y se supo toda la verdad, la princesa había regresado a su hogar.

Tal y como prometió Eugene, con la ayuda de la princesa Rapunzel, liberó a todo los ladrones que lo ayudaron.

Ese mismo día comenzó el festival más grande jamás hecho en el reino que duró varios días seguidos.

Final de Rapunzel

Desde ese día, Eugene y Rapunzel nunca más se separaron. Al poco tiempo se casaron y vivieron felices para siempre.

Moraleja del cuento de Rapunzel

Una de las enseñanzas más importantes del cuento de Rapunzel, es que las personas que más amamos a veces esconden malas intenciones, disfrazadas con nuestra confianza y su amabilidad en ocasiones sólo nos perjudican e incluso pueden llegar a dañarnos.

Mientras que otras personas, a pesar de tener mala fama, pueden a llegar a preocuparse verdaderamente por el bienestar de uno sin importarles nada.

Otro mensaje bello que el cuento de Rapunzel puede ofrecer, es que no se puede vivir lejos del mundo para siempre, ya que de una forma u otra, sólo el mundo puede ofrecerte experiencias únicas y maravillosas.

Recuerda que eres dueño de tu destino, no importa la situación; aunque estés en una torre encerrado por más de 18 años, un pequeño viaje puede ser una gran aventura para conocer personas y cosas nuevas.

Si te gustó esta historia te invito a ver esta otra versión del cuento que seguramente también adorarás como yo lo hice.