Ricitos de oro y los tres osos – El Clásico de los cuentos

El cuento de Ricitos de oro o cuento de los tres ositos, cuenta la historia en que hace mucho, pero mucho tiempo, en algún lugar muy lejano, existía un hermoso bosque, cubierto de muy altos y frondosos árboles, rodeados de las más bellas flores.

Habitaban también una gran diversidad de animales, entre ellos pájaros, ardillas, osos y preciosas mariposas. Y en un poblado muy cercano a este bosque, vivía una hermosa niña que tenía un linda cabellera que era larga y rubia, por lo que la llamaban Ricitos de oro.

A esta hermosa niña, le encantaba recoger flores del bosque para llevárselas a su mamá, que vivía con ella y con su padre en una preciosa casita.

Una mañana, Ricitos de oro se levantó y como siempre le dijo a su madre:

-Mami, mientras preparas el desayuno, voy a por una bonitas flores para adornar la mesa!.

-Está muy bien Ricitos de oro, pero ten cuidado y no te retrases!, respondió la madre.

Así que Ricitos de oro se fue muy alegre a recoger sus flores, pero por el camino vio unas hermosas mariposas y corrió tras ellas, luego vio unos pájaros y también quiso ir tras ellos.

De este modo se alejó tanto del camino a casa que se sintió cansada para regresar, miró a su alrededor y vio una pequeña y hermosa cabaña que se encontraba muy cerca de un arroyo, así que pensó ir hasta allá para descansar un poco.

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Así lo hizo y al llegar a la puerta llamó tres veces:

-Tum tum tum, pero nadie respondió.

Como no escuchó a nadie lo volvió a intentar:

-Tum, tum, tum; pero esta vez tampoco le respondieron.

Sin embargo, la puerta estaba entreabierta, así que Ricitos de oro entró sin ningún permiso en la cabaña.

Se quedó encantada con lo hermosa, limpia y ordenada que estaba. Al entrar a la pequeña sala vio tres sillones, así que fue a sentarse.

El primero era muy grande y alto, así que se sentó y dijo…

-No me gusta… los pies me quedan colgando.

El segundo era mediano, así que se sentó para probarlo y dijo…

-Es demasiado ancho… tampoco me siento cómoda, así que probare el más pequeño!

El tercero era el más pequeño de los tres, cuando se sentó dijo…

-Éste si es perfecto…

Y puff, se movió tanto que lo rompió y cayó al suelo. Cuando se levantó y miró hacia el comedor, vio la mesa servida con tres tazas llenas de comida, así que cómo sentía hambre decidió comer de ellas.

Probó de la primera taza y dijo:

-Está muy caliente!

Luego probó de la segunda taza y dijo

-Esta también está caliente!

Así que probó de la tercera taza y dijo:

-Esta sí me gusta, me la comeré toda.

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Al terminar de comer sintió mucho sueño y se fue hasta el dormitorio donde había tres camas:

Se acostó en la primera y dijo:

-Esta esta muy dura y fría.

Se acostó en la segunda y dijo:

-Esta también está dura y fría.

Así que se acostó en la tercera y dijo:

-Esta sí que esta suave, cómoda y calentita… descansaré un ratito.

Pero se quedó dormida de lo cansada que estaba. Mientras esto sucedía, los dueños de la cabaña que era una familia formada por papá oso, mamá oso y el bebé osito, regresaban a su hogar, ya que habían salido a caminar mientras se enfriaba su comida que habían servido en la mesa, de donde comió Ricitos de oro.

Al abrir la puerta y mirar sus sillones dijeron:

-Alguien se sentó en mi sillón, dijo papá oso.

-Alguien también se sentó en mi sillón, dijo mamá osa.

– Alguien rompió mi sillita, dijo el bebé osito muy triste al verla rota.

Después pasaron al comedor y al ver sus tazas dijeron:

-Alguien probó de mi sopa, dijo papá oso.

-Alguien también probó de mi sopa, dijo mamá osa.

-Alguien se tomo toda mi sopita, dijo el bebé osito triste al ver que no le dejaron nada de comida.

Decidieron ir a dormir para que les pasara el mal humor por lo que les acababa de ocurrir, pero al entrar a la habitación dijeron:

-Alguien se acostó en mi cama, dijo papá oso.

-Alguien también se acostó en mi cama, dijo mamá osa.

– ALGUIEN ESTÁ ACOSTADO EN MI CAMITA!! gritó el bebé osito al ver a Ricitos de oro en su cama.

El bebé oso gritó tan fuerte que despertó a Ricitos de oro, quien del susto que sintió, saltó de la cama y escapó por una ventana.

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Fue tanto lo que se asustó, que salió corriendo sin parar hasta llegar a su casa. Al entrar vio a su mamá y la abrazó con fuerza y le contó todo lo que había pasado.

Desde ese día, Ricitos de oro nunca más se alejó de su hogar ni entró en casas ajenas sin permiso.

Moraleja de Ricitos de oro y los tres osos

La moraleja que se extrae de este cuento de Ricitos de oro y los tres osos, es bastante importante para los niños traviesos, la cual es el respetar y no tocar las cosas de los demás, ya que pueden ocurrir accidentes que pueden ocasionar problemas.

Como por ejemplo cuando Ricitos de oro rompió la sillita del pobre osito dejándolo muy triste; o cuando se comió toda la sopita sin dejarle nada de comer, sin querer le ocasionó problemas sin necesidad.

Pero la enseñanza más importante; es que los niños no deben entrar en casas ajenas sin permiso de los dueños y mucho menos curiosear entre las pertenencias de los demás.

Ahora que ya viste esta versión del cuento, quiero recomendarte esta otra versión que seguramente te encantará tanto como a mí.